Después de la total genialidad que supuso Borat abrazando el concepto de semi-falso documental cómico como forma de dinamitar y señalar con su dedo cáustico todas las miserias de la doble moral no-sólo-yanki (de forma infinitamente más certera que el patético Michael Moore), Sacha Baron Cohen eleva en Brüno su propio género a la cima más alta que puede alcanzar un cómico: la irreverencia y transgresión más absolutas unidas a un discurso único, valiente y magistral cuya voz no tiembla ni un segundo a la hora de escupir sobre los hipócritas en forma de performance exquisita y extrema todos los tabúes y prejuicios de una sociedad enferma de submentalidad y corrección política, demostrando así el ideal y tan necesario status del cómico de verdad como filósofo, cirujano, francotirador y exégeta de su época, que no sólo puede sino que DEBE reírse (sin ningún tipo de límite) de CUALQUIER COSA para hacer patentes los sumideros y alcantarillas de la naturaleza humana y de su lado oscuro. Esta es, sin duda (y junto a Borat), una de las películas imprescindibles en lo que va de siglo XXI. El que no sea capaz de verlo simplemente no entiende que el arte y la comedia deberían ser y aspirar exactamente a esto: cambiar el mundo sin parecerlo ni pretenderlo. Y el mundo es un lugar muchísimo mejor con Brüno y Sacha Baron Cohen orinando sobre él.
(¿Alguien ha dicho Miguel Noguera?)

