Ignoramos si hubo alguna vez un día o una tierra (antes de que la Bestia conocida como Internet lo redujera todo a las cenizas todavía humeantes de la Prehistoria) en que los hombres creyeran en la posibilidad de aprender los unos de los otros, en que cada aproximación a ese reino de límites difusos llamado Arte (de cartografía imposible ya antes del advenimiento de la Innombrable) tuviera otro objetivo que el de reafirmarse en las propias creencias. Ignoramos si había entonces lugar para la ingenuidad, para la inocencia o para la sorpresa. Si los hombres se permitían la duda, la contradicción o la autocrítica. Si reinaron alguna vez la búsqueda de la identidad o el ansia de conocimiento, por contraste enriquecedor y no por oposición destructora.
Sospechamos, sin embargo, que no hemos cambiado mucho. Que la Bestia, en su inmensidad que tanto nos da y tanto nos quita, no ha hecho más que sacarlo todo a la luz. Corren tiempos estúpidos y miserables. Tiempos en los que el diálogo es batalla encarnizada, el desacuerdo afrenta y la ignorancia arma arrojadiza. Tiempos en los que es imposible la esgrima dialéctica bajo unas reglas honorables y un compromiso a muerte con el aprendizaje. Tiempos en los que se impone el duelo.
Pero, en estos tiempos y en este lugar, dos nos alzamos contra las leyes impuestas en los dominios de la Bestia. Leyes escritas por bárbaros a golpes de espada mellada y palabra vacía. La Innombrable puede haber eliminado heráldicas y jerarquías, y nos sentimos cómodos en el caos imperante. En esta casa, sin embargo, la Verdad yace entre comillas y los duelos derramarán tan sólo la sangre necesaria. Creemos en el poder ubérrimo de la lucha, pero también en el de la negociación. Reclamamos el derecho a decirnos y contradecirnos. A vulnerarnos y luego curarnos las heridas. A explorar los límites de la locura. A autoflagelarnos.
Féraud y D´Hubert presentan armas. Que comience el espectáculo.


[...] propio canal en el que se emite, liberada de ella entre otras cosas por obra y gracia de Internet (la Bestia), ante la que se inclina reverente, porque sus creadores saben que es el futuro y cada vez más el [...]